perder el control mirando el vacío.
Sumergir las caricias
en el dolor del Otro.
Preguntándonos
si acaso
habíamos de viajar con maletas
llenas de soledades.
De catapultas que van
hacia ningún lado.
Teníamos dentro
un mar lleno de orugas.
Ruido alto en donde nada se concentra.
Algo nos golpeaba el corazón
y el Ser dejó de ser.
Es verdad que somos
raíces aéreas que cuelgan de alguna cabeza
que habita este espacio.
Leticia Cortés
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